martes, 11 de diciembre de 2018

SOMOS LOS SIN FRONTERA: ARMANDO SUÁREZ

Por: Fernanda Alejandra García Espinosa
Ciudad de México (Aunam): “Si me vas a regalar una de tus mandarinas, con gusto platicamos”, dijo Armando mientras se volvía a acomodar en el piso del Sistema de Transporte Colectivo, Metro. Llamó a su esposa y a su hijo para que se separaran del grupo y se sentaran a su lado mientras comían las últimas moronas de un paquete de galletas.



Armando Suárez Marín llevaba dos horas en la estación Ciudad Deportiva, ubicada en Magdalena Mixhuca, esperando a que terminaran de llegar los últimos migrantes de su grupo. Pasaron lista y se percataron de la ausencia de cinco personas. “Las mismas de hace rato, no puede ser”, contestaron enojados algunos de los integrantes ya ansiosos por alcanzar a la caravana que se dirigía a Querétaro.

“Aquí en el metro llevamos como tres horas, y yo pues para entretenerme cada que vienen dos trenes en direcciones contrarias imagino que van a chocar, como en las películas”, compartió en un tono de voz bajo.

El encargado del grupo determinó que habrían de dirigirse a la Central de Autobuses del Norte, donde esperarían al resto de los acompañantes. Armando, recio, permaneció sentado mientras observaba cómo las 45 personas abordaban el vagón con sus pesadas mochilas, colchonetas y carriolas.

Con un toque sarcástico agitó la mano a modo de despedida y se volvió hacia mí con una sonrisa “¿cómo ve usted? ya era hora de separarnos. Ellos van hacia la bestia industrial, nosotros no. Bye bye”, refiriéndose a Monterrey, Nuevo León.

Los planes de “Adonai”, como lo llama su esposa Delmis, son establecerse en el estado de Nayarit, donde su cuñado le prometió un trabajo tres años atrás. Por temor a que los pasos de la inestabilidad económica lo siguieran a un país extranjero, se negó a abandonar el puerto de “Ceibita la bella”, hasta que el aviso de una caravana migrante retumbó en su cabeza diciéndole “es ahora o nunca”.

La Ceiba, su lugar de origen, pertenece al departamento de la Atlántida, ubicado al norte de Honduras. Se caracteriza por tener un océano de un lado, seis ríos del otro, y un nombre que remite a la cosmología maya. También conocida como Yaxché, ha sido considerada como un árbol sagrado porque según la tradición popular, fueron sembradas por los dioses creadores en cada uno de los puntos cardinales. Norte, sur, este y oeste.

“Ceibita la bella, la novia de Honduras”, es una ciudad con una actividad económica orientada al ecoturismo y al cultivo del banano, maíz, arroz y plátano. “Muy bonita y todo, pero sin trabajo”, dijo atribuyendo -en parte- la falta de empleo a la intervención estadounidense, específicamente la corporación Dole Food Company, máxima productora de frutas y hortalizas a nivel mundial.

“El país se ha arruinado, ha decaído mucho, la verdad sí. Ahora hay mucha delincuencia; tienes un trabajo y tienes que pagar impuesto de guerra […] El trabajito que hay, te pagan lo que ellos quieren porque si tú lo dejas, hay mil que están atrás de ti esperando ese chancecito. No les importa que sea poco, hay mucha gente que desea tener ese trabajito. Pero es un trabajo que no alcanza a sostener tu hogar. Una persona pues sobrevive, pero una familia ya no”.

Al igual que el grueso de los hondureños de la caravana, Suárez Marín no tenía un trabajo estable. De los recorridos turísticos pasó a trabajar en la recolección de bananos, hasta que los gastos incrementaron y ya no bastó un solo trabajo, ni una sola persona laborando.

“Supuestamente uno paga por 30 días el agua allá, por treinta días la luz, pero el agua te llega por quince días. Quince días que le pagas al gobierno sin tener agua. Es un robo descaradamente”, dijo al tiempo que acariciaba la cabeza de su hijo Antony, que con desánimo en su rostro comía un sándwich.

El aumento de precios y de injusticias significó un doble turno en una planta eléctrica para Adonai, y un puesto de cocinera en un mercado para Delmis, quien además, elaboraba algunos trabajos ocasionales como costurera para asegurar un ingreso extra.

“A mí lo que me motiva es mi niño, cómo no. Yo lo único que quiero para mi hijo es que tenga certeza. De incertidumbre, de la falta de certeza se muere la gente”, acto seguido, soltó un bostezo para disimular los ojos que con cada palabra se le iban tiñendo de un color rojo cada vez más vivo. Tomó su botella de agua y se quedó mirando hacia una policía que se encontraba saludando a los pasajeros en el otro extremo de la estación.

“¡Que tengan un excelente día y Dios los bendiga en su camino!", decía animada Reina Rojas, encargada de la estación, a cada persona que pasaba frente a ella mientras él la observaba fascinado. Mientras platicaba él sobre el alimento que había recibido de desayuno, se acercó Reina a preguntar si necesitábamos algo. Adonai entabló una corta conversación con ella a lo que después agregó con un grito: “¡Qué lindo modo tienes tú, muchacha! ¡Personas como tú, es que tienen que estar en estos negocios! Tienes un modo WOW”.

Después de unos minutos, Antony rompió en llanto. Con la angustia reflejada en la cara ante el llanto de su hijo, comentó lo agridulce que había sido el recorrido hasta ese momento. “Le ha tocado ver cosas bien feas al nene […] a su edad yo estudiaba la primaria, jugaba futbol y comía caramelos, no que él sólo ve cómo van desapareciendo sus amigos”, esto por la desaparición de camiones en Veracruz.

En los noticiarios se desmintió la pérdida de dichos camiones, y “esa es la bronca de venir como ilegal, no les importas a los policías, ni a nadie”. Aseguró que sí hay personas desaparecidas que en el camino conocieron. Se subieron a algún camión o tráiler en Puebla, Oaxaca y Veracruz, y de ellos ya no supieron más. Intercambiaron con ellos comida, anécdotas, y teléfonos que ya no habrán de contestar.

“Yo mejor camino con mis cosas en la mano. No nos separamos. No me gusta eso, allá en Oaxaca montaron a un montón de personas y desapareció. En la mañana ya estaba alistando mis cosas para irme, pero recapacité porque a un compañero le montaron a su esposa y su hijo en un tráiler y que ya no los encuentran, estaba llorando…se fue para atrás buscando a la familia”.

“El viaje del que se espera mayor recompensa debe, por tanto, ser el más difícil” dijo a su esposa, que abrió los ojos sorprendida, asintió con la cabeza y añadió: “es difícil de por sí, y ahora imagínate si todos nos ven como delincuentes”. Cuentan que, a su paso por algunas comunidades del sur del país, los miraban con repudio, lástima o hasta con miedo. La imagen que de los migrantes se construyó, gira alrededor de los conceptos de suciedad y vandalismo.

Algunos iban consumiendo alcohol y drogas, otros robando alimentos, y algunos otros dañando mobiliario por diversión, además de la basura que al final en el piso quedaba. “Por ese poquito de personas malas pagamos todos […] dañan la imagen de todos. En grupo las personas se crecen, por eso hacen cosas malas, agarran escudo”. Pero, hasta eso es una enseñanza para Armando para controlar su explosivo carácter.

“Soy de mecha corta, eh. Cuando yo miro algo que no, yo trato de abrirme, y si ya me contaron una vez, a la segunda yo ya voy por el putazo. Porque sí, soy de mecha cortitita, pero esta caravana me ha enseñado a convivir un poquito más”, admitió Armando.

Resaltó que ha sido su cumpleaños más significativo; probablemente el más memorable. Festejó el 9 de noviembre con un pastel de tres leches decorado con durazno en la parte posterior sus 45 años, acompañado de su familia y algunas recientes amistades. Entre el desastre, “nada es tan malo”; frase que describe como su estilo de vida.

“A mí me gusta cotorrear, no me gusta estar apagado […] me gusta estar hablando tonteras independientemente de la situación y yo quiero lo mismo para los demás. Si no puedo mejorar su situación económica por lo menos puedo remediar su ánimo caído. Yo, por ejemplo, ayer para tener un happy birthday, me regalé un sombrero que sí lo uso hacia el frente parezco explorador, pero si lo uso de lado soy un pirata. Prefiero ser un pirata”.

Luego de dos horas, preguntaron a Reina cómo abordar a la línea azul, a la estación Cuatro Caminos. Llegaron al acuerdo de ir a Tepotzotlán para alcanzar al hermano de uno de sus acompañantes, José Elias. Tomaron su equipaje y en un papel entregaron su número telefónico mientras se preparaban para abordar el siguiente tren que se aproximara. Una vez dentro, aclamaron:

“Si alguien te pregunta, somos los sin frontera. Pero el mundo es pequeño, dicen; mañana o pasado vamos a volver a encontrarnos por aquí”.







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DEL CAMPO A LA ÚLTIMA LÍNEA: UNA HISTORIA QUE SOBREPASA FRONTERAS

Por Omar Alejandro Martínez Hernández
Ciudad de México (Aunam). La caravana de migrantes ha sido un movimiento social que tiene como protagonistas a personas que huyen de la pobreza, desigualdad y delincuencia que aqueja a países de Centroamérica, tales como El Salvador, Honduras y Guatemala.


Dicha caravana tiene como objetivo llegar a Estados Unidos, con el fin de tener mejores oportunidades de empleo y una vida mejor.

Joel Roberto Palacios Bernárdez de 52 años, es uno de los miles de integrantes de la caravana migrante, es de nacionalidad hondureña; él como muchos busca una mejor vida en Estados Unidos, quiere mandarles semanalmente dinero a su madre, esposa e hijas que se quedaron en su país.

El señor Palacios contó su vida en Honduras, aunque no quiso detallar mucho, solamente relataba lo que él consideraba importante, como algunas cosas de su infancia, el trabajo que tenía en Honduras y el por qué decidió estar en la caravana y dejar todo atrás.

Relató su infancia de una manera bastante peculiar, se mostraba muy alegre en la forma en que lo contaba, su sonrisa parecía muy natural, su voz muy entusiasta, bajaba y subía el tono de esta misma, al parecer fue una etapa significativa para él, por la forma en que lo describió.

“Vivíamos mis padres y yo en un pueblo llamado Santa Bárbara, estaba muy cerca la montaña de Santa Bárbara, un lugar muy bello, lo recuerdo muy bien, había mucha naturaleza, mi casa era muy pequeña, extraño ese peculiar olor a tierra que tenía, el clima muy fresco, todas estas cosas me hacen recordar mi hogar y los grandes momentos que viví allá con mis padres. No tenía hermanos, me divertía jugando con los animales que había en el pueblo y la calle donde vivía, había muchos perros, los vecinos tenían diferentes animales como vacas y becerros, incluso había niños de mi edad y yo jugaba con ellos”, relató Joel.

La felicidad fue un aspecto que tuvo el señor Joel durante esta primera parte que relató de su vida, recordaba perfectamente como era el lugar donde vivía y sobre todo esa manera de relatar las cosas con todas sus características.

El señor Joel mencionó: “mis padres se dedicaban a la agricultura, teníamos pequeños sembradíos atrás de mi casa, mi madre era un mujer muy bella y buena cosechando, mi padre se dedicaba a ir por la tierra y entregar lo que se cosechaba. Mi ocupación fue la escuela, aprendí y estoy orgulloso de saber leer y escribir, cuando los días de cosecha no eran muy satisfactorios mis padres y yo íbamos caminando desde mi casa al mar, o los pueblos vecinos a comprar cosas”.

La vida de Joel durante su infancia no fue de preocupación, no tenían una vida mala, aunque no vivían con lujos, les alcanzaba para solventar sus gastos y vivir bien, sus padres básicamente se dedicaban a la cosecha; su padre le fue enseñando este oficio y también diversas tareas como cargar los bultos de tierra, podar los árboles entre otras cosas.

El señor Palacios dijo que posteriormente a su infancia, llegó una etapa muy dura para él, por las tareas tan pesadas que hacía, su padre enfermó gravemente, aunque omitió el detalle del cual fue la causa principal, esto obligó a Joel a que dejara la escuela para que se ocupase totalmente de la siembra y ayudar a su madre con el oficio que lo sostenía. Ellos tenían que cuidar a su padre.

Él y sus padres ya no podían ir a la playa por que implicaba caminar y eso le hacía mal a su padre, pero si iban por lo menos una vez al mes a los pueblos vecinos a seguir comprando diversas cosas, ahí en el pueblo vecino Joel conoció a la que ahora es su esposa, Karen Fajardo a la edad de 25 años, casualmente ella tenía la misma edad que él.

“Recuerdo el día que me salí de mi hogar, empaqué lo que consideré necesario que solamente es esta chamarra y esta camisa que vez aquí, junto con otras tres, un par de zapatos cómodos y tres pantalones y poca comida para sobrevivir. Sabía que esto no iba a durar para siempre y que necesitaría otra muda de ropa, pero también sabía que iba a ser cansado cargar todo el equipaje que me quería traer”, compartió el señor Palacios.

Su madre, esposa e hijas le pidieron que no se fuera, que habría otras formas, pero Joel ya se había cansado de vivir todos los días en una pobreza fatal, sacan lo justo para el día con la cosecha, también su esposa e hijas querían ir con él, pero el señor Palacios no acepto la propuesta.

“El momento en que decidí dejar todo atrás no fue fácil, ahí iba mi infancia, mi juventud, mis recuerdos, dejar a mis dos hijitas a mi mujer y mi madre, pero por ellas lo hago, quiero que tengan una mejor vida allá en Honduras por lo que no las traje conmigo. El venir desde Honduras caminando hasta aquí México ha tenido sus complicaciones y es muy cansado, he pensado en volver, las extraño demasiado”, relato con un tono de voz que parecía que se le hacía un nudo en la garganta.

Describe a México como un país muy solidario, gente humilde y trabajadora, piensa que tal vez pueda ser un buen lugar y no esta tan lejos de casa para iniciar una nueva vida, pero eso tendrá que pensarlo en estos días; agradece a estas personas que le han brindado ropa, techo y comida temporalmente.

“Sé que todavía me falta camino por recorrer, no sé qué vaya a pasar cuando llegue a Estados Unidos, en donde trabajare, pero si estoy seguro de que lo hago y que este esfuerzo es por mis hijas y mi mujer. Sacrifico el verlas crecer, no las podre proteger, la delincuencia es una característica del pueblo hondureño, pero valdrá la pena todo lo que estoy haciendo”, concluyo Joel Palacios.

Así como la historia de Joel, existen miles de personas de esta caravana de migrantes; quienes salieron de su país, dejaron a sus familiar y todo lo que tenían en Honduras con tal de buscar y empezar una nueva vida en Estados Unidos, algunos se quedaran en México y decidirán sobre qué hacer con sus vidas aquí.







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CUESTIONAN LOS CLICHÉS Y TABÚES LGBT+ CON JOTOGRAFÍAS

Por: Gil Morales Beverly Michelle
Ciudad de México (Aunam): El segundo Concurso Jotográfico tuvo lugar en la galería Art Space México, donde las fotografías que presentaron fueron una muestra amplia e incluyente que cuestionó los clichés y tabúes de una sociedad machista marcada por la homofobia, sobre los temas de género y diversidad sexual.

“La venus de la cam de la serie contemporary fat nudes”. Fotografía primer lugar: Yolanda Benalba

El arte como guía para la expresión de respeto, diversidad, y rechazo a la violencia, la intolerancia, la homofobia, la discriminación... así fueron exhibidas desde el 12 al 24 de noviembre y la convocatoria estuvo abierta a artistas amateurs y profesionales, sin importar su edad y sexo.

Pancho López fue el encargado de realizar este concurso, cuyo objetivo es mostrar “un mapa social tan diverso, distinto, extravagante en personalidad, las características de cuanto a la diversidad erótica y sexual de cada mujer y hombre”. Desde el término Jotográfico que es un juego de palabras.

Pancho López busco romper el uso despectivo de la palabra “joto” y los prejuicios en la sociedad LGBTTTIQ.

“¿Has intentado que te gusten las morras?”. Fotografía segundo lugar: Giovanni Ontiveros Cabriales

Mencionó que el usar la palabra “joto” resulta un reto en estos tiempos “si bien puede llegar a ser un insulto, nuestra intención es alejarla de esos terrenos, al mezclarla con la palabra fotógrafo, aludimos al juego y tenemos como resultado el divertido nombre Jotográfico”, comentó.

El jurado contó con la participación de Gabriela González Reyes directora de Hydra, Irving Domínguez curador de arte, el director de Art Space México Armando Martínez, Sandra Ontiveros gestora cultural y la encargada de Cultura de STC Metro Vannesa Bohórquez López; entre ellos seleccionaron 19 fotografías que conformaron el segundo concurso Jotográfico.

Los artistas que formaron parte son: Santo Aquelarre, Gustavo Aguirre, Mubshan, Gabriel Rendón, Michèle Mazy, Nelson Morales, Yolanda Benalba, Ursus, Alejandro González Cortés, Alejandra Leyva, Giovanni Ontiveros Cabriales, Ángelo Merino, Miriam Correa Ovando, Memo Hojas, Julio Sanz, Memo Díaz Martín, David Iglesias, Itzel Rodríguez Cortés y Errante Estrella.

El primer lugar fue para Yolanda Benalba su fotografía titulada “La Venus de la Cam de la serie de Contemporary Fat Nudes”, mientras el segundo lugar fue para Giovanni Ontiveros Cabriales con la fotografía “¿Has intentado que te gusten las morras?” y el tercer lugar fue de Miriam Correa Ovando llamado “Catholic Drag”.

“Catholic drag”. Fotografía tercer lugar: Miriam Correa Ovando

El concurso contó con el apoyo del área de ejes transversales de la Secretaria de Culturas de la Ciudad de México y se produjeron un set de postales con las fotografías ganadoras.


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lunes, 10 de diciembre de 2018

ZAPATEAR POR LA GRIETA EN EL MURO

Por Damaris Yocep Hernández Espinosa.
Ciudad de México (Aunam). La riqueza musical de los pueblos indígenas, una forma de apoyar la lucha digna del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) a los 25 años de su alzamiento.


El Rincón Zapatista de la Ciudad de México y la cafetería Comandanta Ramona invitaron el 1 de diciembre al evento: Serenata al pie de muro: un huapango por una grieta, donde a través del huapango, son y fandango, entre otros géneros musicales buscaron apoyar la lucha de los pueblos originarios.

El Trío Noxtli, Psiquesón, Gorrión Serrano, Trío Guajolote y Embrujo Huasteco fueron los grupos musicales que armonizaron y alentaron el zapatear de los presentes con mensajes de igualdad, respeto y libertad.

Entre cada pieza musical leyeron la invitación realizada desde las montañas del sureste mexicano a la celebración del 25 Aniversario del Alzamiento Zapatista y a un Encuentro de Redes.

“La celebración del 25 aniversario del inicio de la guerra contra el olvido”, se llevará a cabo el 31 de diciembre del 2018 y 1 de enero del 2019, en La Realidad Zapatista, sede del caracol: “madre de los caracoles del mar de nuestro sueños”, zona Selva Fronteriza.

El Encuentro de Redes de Resistencia y Rebeldía, de Apoyo al Concejo Indígena de Gobierno (CIG) se realizará en el Centro “Huellas de Memoria. Subcomandante Insurgente Pedro cumplió”, ubicado en las inmediaciones del poblado Guadalupe Tepeyac, Marez San Pedro de Michoacán, los días 26 al 30 de diciembre del 2018.

Ambos eventos requieren de registro previo en los siguientes correos electrónicos, para el primer evento: aniversario25@enlacezapatista.org.mx, y para el segundo:
redesdic18@enlacezapatista.org.mx.

Después del levantamiento del EZLN en 1994, se han adaptado espacios de apoyo a la red indígena en diferentes estados de la República Mexicana, los cuales buscan recaudar fondos a través de la venta de artículos fabricados por los zapatistas, ejemplo de ello son libros, bolsas, bordados, separadores, termos y comida.




















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PARA SALIR DEL PARASITISMO SE NECESITA CONSTANCIA: ALFREDO VILLENA

Por: Gonzalo Sosa Maldonado
Foto: Beverly Gil Morales
Ciudad de México (Aunam). Con un chaleco rojo que tiene el logo de “MV Mi Valedor”, en el pecho, más de un metro con 65 centimetros de altura, un tono moreno en las manos y el rostro, gorra sobre la cabeza y fluidez al hablar; Alfredo Villena vende revistas en un puesto ambulante del Parque México, en la colonia Hipódromo Condesa.


“Chavos, ayúdenme comprando una revista, me harán ganar 15 pesos y además colaborarán a que más personas salgamos de la situación de calle”, así comenzó Villena su speech, mientras jugueteaba con las manos y lanzaba miradas coquetas a las chicas.

Alfredo Villena estuvo envuelto en el mundo de las drogas, consumía mariguana, LSD y tachas. Su familia, decidió internarlo en la comunidad internacional de Alcohólicos Anónimos “Nueva identidad”, Cuajimalpa. Ahí pasó medio año, y desde hace cuatro años cambió para buscar ser “mejor persona”.

El vendedor de Mi Valedor describe su estancia en el albergue como: “un lugar en donde me estaba volviendo loco, porque no podía irme. Yo veía desde mi ventana la calle y quería salir, pero la terapia era a puerta cerrada hasta que cumplieras con los seis meses”, asevera mientras su voz se torna más seria.

Hizo una pausa, guardó las revistas que había mostrado y continuó: “para afrontar esta ansiedad, decidí integrarme como voluntario en el programa de Alcohólicos Anónimos e impartir el quinto y sexto paso. Antes de entrar (al programa de AA) fui ayudante en la cocina, pero no me sentía cómodo, sufrí maltrato emocional por parte de los encargados”.

“Teníamos junta tras junta, pero nada juntas”, dijo con voz burlona acompañada de una carcajada párvula, “lo bueno, y la realidad, es que la lucha está acá fuera. Yo lucho todos los días contra las adicciones, ha sido un proceso difícil, tuve que cortar con amistades tóxicas, pero gracias a Mi Valedor, y a que recibí a Cristo en mi corazón, he sabido reintegrarme a la sociedad”, aseveró mientras sus manos señalaban hacia el cielo.

Después de cumplir con el tiempo requerido salió para buscar trabajo. Su familia lo rechazó; sin apoyo económico y sin encontrar trabajo regresó a las calles, “lo malo del anexo es que te acostumbran a ser huevón, todo te lo dan, te acostumbras a que te den dinero, comida y casa. Nunca te enseñan a ser productivo y ganarte la papa honradamente”.

En esas circunstancias, Villena recordó que en el tiempo en que estuvo anexado habían ido unas personas a platicarle sobre el proyecto de Mi valedor. Comenzó a trabajar en los talleres y actividades que lleva acabo esta organización, desde fotografía, locución, hasta actividades grupales como Hecho por valedores en donde hacen manualidades, todo con el fin de sacar choques emocionales.

“Es complicado salir de una adicción, pero no imposible. Me gusta invitar a las personas, que están o estuvieron en la misma situación que yo, a salir adelante”, recalcó con voz fuerte y prosiguió: “es difícil hacer que otros se integren a la sociedad. Yo sé que sí hay oportunidades, pero también hay personas que están en la calle que simplemente no les gusta trabajar y quieren seguir en esa situación”.

La resignación y el conformismo “son problemas que están en la mente, es sólo cuestión de que tú quieras, que dejes el coto y que afrontes la realidad. Para salir el parasitismo se necesita constancia”. La revista, mediante la cual Villena obtiene su sustento, la compra en cinco pesos y la revende en veinte, su ganancia segura es de quince pesos.

“Yo soy Alfredo, buenas tardes, estoy aquí con mi amigo Gonzalo en vivo desde La Voz de la Calle, estación de radio, con los valedores en el Parque México…”, así comenzó la plática, palabras sin fin narraron la vida de un hombre que lucha para no regresar nunca más a las adicciones y que se gana la papa diaria vendiendo la revista Mi Valedor. “Yo cambié porque quiero superarme, quiero tener un hogar, una esposa e hijos, ser alguien en la vida, pero para hacerlo necesito picar piedra”, afirmó.




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sábado, 8 de diciembre de 2018

COMO MUJER: “MORIR DE DOLOR NO ES UNA OPCIÓN”

Por: Erika Sánchez Zamora
Ciudad de México (Aunam). Madre y sostén de una familia, conformada únicamente por mujeres, Alicia Zamora Cruz sabe lo difícil que es cuidar y dirigir a quienes más ama en medio de uno de los municipios con mayor índice de violencia e inseguridad, Ecatepec de Morelos, ubicado en el Estado de México, el cual a finales del año pasado ocupó el primer lugar en feminicidios, según la asociación civil Mujeres en Cadena.



Alicia nació exactamente un seis de enero del año 1969, en el estado de Veracruz, convirtiéndose en la octava hija de diez que tuvieron Pánfilo Zamora e Irene Cruz, una pareja de campesinos, que poco después se mudaron a la ciudad de México, en busca de mejores oportunidades laborales para poder mantener a sus hijos, razón por la cual su infancia no fue fácil.

Una de las cosas que más recuerda, con una expresión de desánimo, es que su madre nunca estuvo al pendiente de ellos, y que su padre y sus dos hermanos mayores se la pasaban trabajando la mayor parte del tiempo, por lo que entre ella y sus hermanas se encargaban de cuidarse a sí mismas, se preparaban para ir a la escuela y hacían juntas la comida y las labores del hogar.

A pesar de que nunca les faltó lo básico para cubrir sus necesidades primarias, les era muy difícil salir adelante, para poder llegar a la primaria se caminaban alrededor de media hora desde su pequeña casa, ubicada en Iztapalapa, la cual poco a poco fue creciendo gracias al aporte económico de sus hermanos, todo para poder tener un mejor lugar en donde vivir.

Hoy en día la casa de su madre y algunos de sus hermanos es un hogar grande, sin embargo Alicia no vive más ahí, pues fue en el año de 1998 cuando junto con su pareja, Jorge Sánchez, y sus pequeñas hijas, Karina de seis años y Erika de uno, se mudó a su actual hogar en Ecatepec, ella recuerda que entonces era un lugar que inspiraba tranquilidad, además de que eran casa que apenas comenzaban a venderse, por lo que no tenía muchos vecinos, un año después nació su tercera hija Andrea.

Fue cuando ella y sus hermanas comenzaron a ir a la secundaria y preparatoria que su padre empezó a acompañarlas y estar un poco más cerca de ellas, sin embargo, ella siempre creció preocupada por cuidar y apoyar a sus hermanas, sin haberse detenido un momento a pensar en sus propios deseos y necesidades.

Por tal razón Alicia nunca pensó en qué quería hacer de su propia vida, no tenía alguna afición, ni sabía exactamente si deseaba estudiar alguna carrera, pues al concluir la preparatoria se quedó en la carrera de Sociología, pero confiesa que no conocía nada sobre dicha carrera y decidió no tomarla, pues ella únicamente tenía claro su profundo deseo de estudiar para “ser maestra y de esa manera poder seguir apoyando a quienes más lo necesitan”.

Después de haber decidido no seguir estudiando comenzó a trabajar como secretaría en Laboratorios LeRoy, lugar donde conoció a Jorge, quien formaba parte de la administración del lugar, tuvieron su primera cita en El Moro, lugar reconocido por sus deliciosos churros y chocolates, emblemático del centro histórico de la Ciudad de México, desde entonces ambos formarían parte importante en la vida del otro.

Alicia y Jorge se casaron poco tiempo después de tener a su primera hija, se mudaron juntos y comenzaron una nueva vida en su propio hogar, razón por la que ella dejó de trabajar y decidió ser madre de tiempo completo, pues no deseaba repetir la historia que vivió con sus padres, dijo, al tiempo en el que se acomodaba su cabello corto y castaño con un poco de canas naciendo desde la raíz.

Alicia narra, con la mirada pérdida, que aunque los dos siempre buscaron que sus hijas tuvieran una infancia tranquila y amena, el pasado turbulento de Jorge comenzó a afectarlos, pues debido a una juventud llena de excesos, en cuanto a alcohol y otras sustancias, la Hepatitis C que él presentó durante el año 2008, provocó que, tras una larga estancia en el hospital, falleciera a principios del 2009, dejando un enorme vacío en la vida de las cuatro.

Después de superar el duelo por la pérdida de su esposo, y con el apoyo de su familia y la de él, logró encontrar un trabajo en el área de recursos humanos de Wal-Mart plaza Aragón, sin embargo, por las largas jornadas de trabajo que debe cubrir, su salud física se ha deteriorado un poco, pues ha adelgazado demasiado y se enfermó de anemia, lo cual hace más complicada su situación.

Confiesa que al final ella siente que terminó dejando a sus hijas solas, de alguna manera, y su preocupación crece diariamente con las noticias que escucha día con día, en donde al menos una es acerca de la desaparición de alguna jovencita.


Hoy, expresa angustiada que sin duda alguna se siente desprotegida por vivir en Ecatepec, pues regularmente sus compañeras del trabajo le cuentan alguna anécdota relacionada con la constante inseguridad en la que viven los más de un millón de habitantes del municipio, le es imposible estar tranquila al tener tres hijas que diariamente tienen que moverse en transporte público por la ciudad para asistir a la Universidad y al trabajo.

La invade la tristeza al momento de contar que es muy observadora en cuanto a cómo van vestidas sus hijas, qué bolsa o mochila llevan, memorizar día con día la ropa que portan, por si en alguna ocasión es necesario dar una descripción de la última vez que las vio; “es imposible imaginar la impotencia que yo sentiría si alguna desaparece, y morirme de dolor no es una opción”.

Su semblante se ve un poco más relajado cuando cuenta que, a pesar de lo anterior, siempre motiva a sus hijas a seguir el camino que ellas deseen, que sigan estudiando y superándose día con día, siempre y cuando eso las haga felices, pero que lo más importante es no alejarse de la realidad y estar siempre alertas, pues “ser mujer no es sinónimo de debilidad y debemos estar nosotras para cuidarnos a nosotras”.










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BOLSONARO, EL FASCISMO QUE GANÓ LAS ELECCIONES

  • El ultraderechista derrotó en meses a trece años de gobiernos de izquierda en Brasil
Por Eduardo Torres Flores
Ciudad de México (Aunam). “Es el retorno del fascismo a América Latina…”, con estas palabras, el politólogo y maestrante en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México, Pablo Rojas, introduce al análisis de lo acontecido en Brasil: la victoria de Jair Bolsonaro, el candidato por el Partido Social Liberal (PSL) en las elecciones presidenciales del coloso sudamericano.


El también profesor de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) afirma que Bolsonaro no solo es ultraderechista sino que es un llamado abierto a la dictadura militar pues ha homenajeado a los torturadores de la expresidente Dilma Rousseff, integró a su gabinete a exmilitares y constantemente reitera su intención de perseguir a grupos de oposición como el Movimiento de los Sin Tierra, de inspiración marxista.

Rojas advierte que se trata de “lo más regresivo en términos de las conquistas en pro de los derechos sociales e individuales humanos”. Bolsonaro ha emitido fuertes y polémicas declaraciones contra las minorías raciales, sexuales, contra las mujeres y grupos políticos de izquierda desde que funge como diputado y especialmente a partir de su candidatura por el ejecutivo.

Contrariamente a los derechos que ataca propone la libre portación de armas bajo la creencia de que la violencia se combate con violencia, algo que para el latinoamericanista resulta paradójico pues Bolsonaro recibió en su propia campaña una puñalada el 6 de septiembre durante un acto público en el estado sureño de Minas Gerais.

Rojas agregó que no hay de perder de vista que el fascismo de Bolsonaro también implica el sector económico y de relaciones internacionales “Ha propuesto abrir la frontera con Venezuela y toda la amazonia a la intervención de Estados Unidos, lo que permitiría la invasión estadunidense a Venezuela. Además la apertura sería también para explotar una reserva de una riqueza natural única en el mundo a los grupos económicos” comentó.

Según el académico, Brasil fue el primer país de América Latina en tener una dictadura como las que se presentaron en la mayoría del subcontinente durante la segunda mitad del siglo XX. En el gigante lusófono la dictadura incluyó intereses de las burguesías internas y de los sectores conservadores populares bajo una bandera nacionalista.

La pregunta que para el maestrante en Estudios Latinoamericanos es importante formularse es ¿Cómo fue posible que después de vivir gobiernos como los del Partido de los Trabajadores, Brasil haya dado un giro tan brusco de vuelta al pasado militarista?

El Partido de los Trabajadores (PT) es el partido de izquierda más fuerte en el país sudamericano. Gobernó Brasil desde 2003 cuando Luiz Inácio Lula Da Silva asumió la presidencia hasta 2013, cuando en medio de varios escándalos de corrupción la presidenta Dilma Rousseff fue obligada a dimitir.

“Hay que entender que los gobiernos del petismo no cambiaron estructuras sino que buscaron administrarlas y gestionarlas. Sin realizar reformas profundas como la hacendaria, políticas, de medios de comunicación el PT solo realizó alianzas con las burguesías internas que le permitieron generar todo un panorama de programas sociales para los sectores más pobres”. Explica el profesor.

Una de las líneas de investigación del profesor Rojas es la política brasileña, principalmente el PT por lo que identifica en históricamente que para el PT en el gobierno la estrategia de conciliación de clases ha resultado en un incremento de la asistencia social a costa de un gran crecimiento del poder de las burguesías nacionales quienes lograron catapultarse gracias al Estado a los mercados regionales y mundiales mientras restringían la implementación de cambios estructurales más profundos.

Sobre el rápido crecimiento de la derecha hasta su triunfo electoral, opina que los grupos más conservadores lograron aprovechar el descontento popular por el fenómenos de los nexos entre poder político y económico expresado en la corrupción como los caso Odebrecht y JBS para canalizarlo contra el PT.

La cooptación del movimiento de 2013, la aceptación del programa de ajuste neoliberal y el propio impeachment ejecutado contra Rousseff fueron señales del remonte de la derecha brasileña que culminaría con la victoria de Bolsonaro en las recientes elecciones.

“Los grupos conservadores adoptaran la estrategia de la antipolítica. No significa que sea en serio, Bolsonaro no tiene nada de antipolítica ni antisistema. Él lleva viviendo más de 30 años del erario público desde que se jubiló como capitán del ejército saltando de puesto en puesto, incluso sus hijos viven de la política. Sin embargo logró canalizar la idea de “todos son iguales” radicalizando su discurso a la derecha”, puntualizó Rojas.

Para el profesor de la UACM lo que se vivió en Brasil fue consecuencia de que el PT se alejara de sus base de votantes al dejar de ir a las periferias a interactuar directamente con los sectores más pobres del país. Sin embargo, afirma que la de Brasil no es una derrota solo del PT sino que lo es para toda la Izquierda latinoamericana.

“México está en un frente doble. La ultraderecha que representa Donald Trump en el norte y ahora el fascismo abierto de Bolsonaro en el sur. Si las fuerzas progresistas que asumirán el gobierno no logran hacer transformaciones de fondo en seis años, puede que tengamos pronto en peligro de la derecha ultraconservadora e incluso fascista, ya tuvimos un Bronco en estas elecciones”, advierte el latinoamericanista.

Pablo Rojas afirma que las estrategias y tácticas de la izquierda latinoamericana han sido derrotadas y deben replantearse en una gran discusión social evitando aislarse de los sectores populares con sus propios códigos. Agrega que deben de abandonarse ciertos dogmatismos y la idea de ser un “grupo iluminado” al que la sociedad venga.

Propone lograrlo por medio de la disputa a los sentidos comunes, crecimiento de la autoestima social por medio de las pequeñas y grandes victorias políticas, la generación de organización permanente y la crítica constante a lo que esté pasando.

“Si tenemos que renunciar al rojo y negro, la hacemos y utilizamos colores, banda y reggaetón. Hay que regresar la política a la gente y convertirla en una actividad cotidiana de toda la sociedad”, concluye.

Ni Norteamérica ni Sudamérica: derechamérica. Por Eduardo Torres.


Foto: Fabio Rodrigues Pozzebom/Agência Brasil










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miércoles, 5 de diciembre de 2018

MI FAMILIA ME SACÓ A ESCONDIDAS, ME QUERÍAN MATAR: MOISÉS MARTÍNEZ

Por: Efraín Salas Álvarez
Ciudad de México. (Aunam). La ciudad se mueve a un ritmo acelerado, todo fluye con una relativa normalidad, pero en la casa del peregrino dentro de la delegación Gustavo A. Madero parece no ser así, el tiempo se congelo, ya que tras la partida de casi cinco mil migrantes rumbo a la frontera de México con Estados Unidos, solo quedan unos cuantos que siguen buscando la forma de tener una vida mejor.


Son alrededor de las cinco de la tarde, es un domingo caluroso, una reja metálica color gris, separa la vida cotidiana de la ciudad de aquellas personas que han viajado kilómetros huyendo de la violencia en sus países hasta llegar allí, a la casa del peregrino, al caminar lo primero que encuentras son carpas sobre las que reposan paquetes de comida por un lado y una pila de ropa por el otro.

Al recorrer los pasillos es sencillo ver rostros cansados, caras largas desanimadas por tanto caminar, seres humanos agobiados por la presión social, ninguna sonrisa en sus rostros, solo una mirada fría, cansada, son los ojos de aquellos que sólo piden paz, son los rostros de la fatiga, miradas perdidas en medio de un universo que los observa.

Justo en el dormitorio se encuentra Franklin Morales, hondureño de 45 años que se encuentra en aquella habitación junto con cuatro personas más, todas postradas sobre literas improvisadas a un costado de aquel cuarto lleno de desorden, sobras de comida, ropa tirada, basura, líquidos que vuelven pegajoso el andar; ese es el ambiente de aquél sitio, el día a día de aquellas personas con las miradas perdidas en medio de un mundo que los observa.

Franklin responde al llamado del doctor Salvador Uriostigue Castañeda, Subdirector de los Servicios Médicos de la Alcaldía Gustavo A. Madero, se dirige a la salida del establecimiento, con paso lento, una mirada clavada en el suelo toma asiento un pequeño patio con una banqueta color amarilla con arbustos alrededor de los que cuelgan algunas prendas.

Justo antes de comenzar se acerca Moisés Martínez, guatemalteco de 32 años nacido en un departamento de retableo, Guatemala, proveniente de una familia de escasos recursos, creció casi toda su infancia en el puerto de Chamberico, se sienta justo al lado de Franklin , una vez que logro acomodarse dijo:

“Nunca había salido de mi país, hasta que se agravó la situación, desde hace cinco años cuando explotó la violencia, la delincuencia, los maras, no tuve otra opción, más que abandonar”.

Moisés quien vestía con un suéter color marrón, con una camisa naranja por debajo, pantalón negro y tenis del mismo color; se dispuso a hablar también, dejando a un lado la bolsa de cacahuates japoneses que llevaba en la mano y de la cual estaba comiendo unos pocos, con mucho respeto nos dios la mano a todos, mirándonos a los ojos se sentó para después clavar la mirada en el piso.

Los altos índices de violencia que sufren tanto Guatemala como Honduras han sido una de las principales causas de la migración, ya que según el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal (CCSPJP) ciudades como Guatemala y San Pedro Sula ocupan un puesto dentro de las 50 ciudades más violentas del mundo con una tasa de 53. 49 asesinatos por cada mil habitantes en Guatemala.


“Mi familia me sacó a escondidas, ya que me querían matar, yo no agarre para aquí, para México, sino para la frontera, pero si hablamos de Guatemala, toda esta pérdida en la delincuencia, ahorita que venía la caravana, yo vine para acá”, de la que se enteró por medio de las noticias.

Mientras que la ciudad de San Pedro Sula ocupa el lugar número 26 dentro del ranking con una tasa de 51. 18 homicidios por cada mil habitantes, Los Maras son un grupo criminal que ha alcanzado un enorme crecimiento dentro de dichos países centroamericanos, quienes reclutan a jóvenes con la finalidad de que trabajen para ellos.

“En Honduras, los problemas son similares, en mi caso personal, fui amenazado yo no puedo estar viviendo en San Pedro, porque estoy tatuado, me quieren involucrar en una pandilla tribal, te dicen `te damos cinco horas para que desaparezcas o te vamos a matar´, no hay forma de vivir en Honduras, el gobierno no hace nada, siempre es lo mismo”, afirmó Franklin mientras clavaba la mirada en el suelo.

Los jóvenes no tienen posibilidad alguna de escoger, deben decidir entre la vida de sus familiares, o el trabajo que ellos les ofrecen, no tienen nada más.

“Agarran a los jóvenes, amenazándolos les dicen `entras con nosotros, o te matamos a tu mamá, a tu hermano´. Yo viví un caso, tuve un amigo que era marero, él se dedicaba a mensajería, lo mandaban de una colonia para otra con mensaje de ellos, él se quiso salir, se tapó las letras, la MS, no quería saber ya nada de ellos, pero para que regresara con ellos, por presión, le mataron a su hermana, la violaron, le quitaron la cabeza”.

La infancia para un niño hondureño en el seno de una familia pobre no es fácil, pues las oportunidades se reducen; una constante pobreza aunado al incremento dentro de los productos de la canasta básica hace que la prioridad para los niños sea el trabajar con el fin de ayudar a mantener a la familia, por eso se ven la necesidad de abandonar los estudios para conseguir dinero.

“Mi infancia fue muy triste, yo estudié hasta la primaria, fue muy dura porque mi padre tenía una bloquera, cuando tenía 10 años me puso a hacer bloques para venderlos, pero cuando crecimos me fui con mi mamá, se separaron y él se juntó con otra mujer tuvo otro hijo y a nosotros ya no nos mantuvo, tuvimos que lavar carros, éramos cuatro hermanos; mi hermana salía a lavar ropa a los vecinos, mi mamá hacía tamales para sobrevivir fue muy duro, allá no tiene opción, somos muy pobres, debes ayudar a tus padres” comentó Franklin con un tono de voz apagado, entrecortado a ratos y con los ojos llorosos levantó la mirada.

Según el Sistema de Administración de Centros Educativos (Sace) de Honduras informó que 17 mil 462 alumnos han abandonado los estudios en el año 2018 a causa de la ola de pobreza, violencia y corrupción que sufre Honduras, pero los estragos de la violencia no solo los han vivido los salones de clase sino que también las calles de las principales calles de Honduras y Guatemala.

Franklin recuerda cuando salía a altas horas de la noche sin temor a que algo malo le pasara, pero las cosas cambiaron, al respecto dijo: “yo nací en Concepción, Intibuca, pero de pequeños se fueron a vivir a San Pedro, antes uno podía estar toda la noche caminando, ahora a las siete de la noche, vació, por miedo del mareo, que se ha apoderado de la calle, comenzó desde el 99, pero fue hasta el 2005 cuando explotó”.

En medio de sonrisas esporádicas la mirada de aquellos hombres transmitía una profunda impotencia, o al menos es lo que decían sus puños, mismas que golpearon en repetidas ocasiones contra sus palmas, aquel hablar semilento de aquellos dos hombres generaba un ambiente nostálgico, de las familias que dejaron atrás, de lo largo que fue el camino.

Ambos recuerdan el momento en que dijeron basta, por una parte Franklin estaba harto de tener que pagar cuotas a los maras por cualquier tipo de negocio; “allá se usa mucho el moto taxista, si yo voy a trabajar de moto taxista, llega el marero y me dice `Me vas a pagar 300 lempiras (moneda hondureña) al día, sino me los me das, ejercen presión, ellos se creen dueños de todo, les cobran renta a los sitios de taxi, a los autobuses, a todos los negocios´”

Moisés estaba harto de la corrupción dentro de Guatemala, ambos sin conocerse ya compartían algo, la opinión hacia sus gobiernos, aquellos a los que ellos consideran el responsable de todo, “los gobiernos, hay corrupción en los gobiernos, no sé si las pandillas han comprado el gobierno, pero allá la ley, no existe” el rostro de Moisés denotaba aquella incredulidad de la situación.

Ambos comparten un mismo deseo, que es trabajar, a pesar de que han leído aquellos comentarios emitidos por varias personas dentro de las redes sociales hacia la estancia de los migrantes en México, ellos son conscientes de que lo que quieren es trabajar.


"No quería quedarme acá, sin ofender, mi moneda vale más que las de ustedes, si yo allá, como soy albañil, ganaba 200 quetzales al día, aquí me están consiguiendo una chamba en 700 pesos semanales, que son como 250 quetzales, pero ni modo, tengo que empezar de abajo, mi plan es acomodarme, tratar de ayudar a mi familia, sacarlas de ese infierno” al menos sus ojos se iluminaron mostrando algo de optimismo.

Pero Franklin, quien rara vez despegaba la mirada del suelo, era consciente de que la discriminación que sufría en Honduras por sus tatuajes, disminuirá en México, lo que le permitirá conseguir un empleo, al respecto comentó:

“Yo en Honduras no podía trabajar, iba a una compañía y me dedican `quítate la camisa´ no eres un delincuente, eres un marero, me miraban como un delincuente, siempre la mala imagen por tener un tatuaje, aquí no veo la discriminación, tomar esa visa monetaria porque yo lo que quiero es trabajar. Buscar horizontes, donde la vida sea mejor para uno”.

Ambos recuerdan que no fue fácil llegar a la ciudad, llegaron a base de esfuerzo, de mucho dolor y sacrificio, son conscientes del peligro que representa llegar estos momentos a la frontera, el contexto socio político con Donald Trump como presidente no es el mejor para la llegada de un número tan alto de migrantes que buscan entrar, Franklin es quien dice:

“Cada quien debe agarrar su rumbo, pero para mí está muy difícil que ellos pasen, la frontera está llena de carteles y su negocio es pasar droga, pero ahorita como está el ejército, como van a pasar droga, esta gente se va a enfrentar a la milicia y a los carteles, de todo corazón espero que pasen, pero está difícil”.

Pero la memoria no es corta, saben que antes de poder llegar a Estados Unidos les espera un arduo y tortuoso camino hacia la frontera, de entre sus recuerdos ambos expresan lo que les significo llegar hasta este punto, de lo complicado que fue cruzar Chiapas, Oaxaca y Veracruz, de lo complicado que fue lidiar con algunas autoridades que lo único que querían era obtener provecho de aquellas personas.

“Muy difícil, se sufre, lo más difícil fue Chiapas y Oaxaca, por el clima, en Veracruz a media noche empezó a llover, como pudimos nos metimos a un corredor de un taller, pero mucha gente se quedó afuera, nosotros venimos muy enfermos por el cambio de climas, entonces el trayecto es aún más difícil”.

Pero Moisés se enfrentó a un sector de la población, uno que no estaba de acuerdo con la llegada de los migrantes, que para su desgracia tenía un título de autoridad dentro del gobierno mexicano, pero que a pesar de ello logro conseguir el transporte necesario para llegar.

“Yo llegue a una caseta, nos bajaron y un federal tenia alto mando, les decía a todos los choferes `a estos delincuentes no les des jalón (expresión utilizada en Guatemala para expresar el acto de llevar a una personas hasta otro punto) déjalos ahí, si salieron de su país que miren como salen´ pero en eso, se levantó una muchacha de derechos humanos y se puso a hablar con él, pero si traigo malos recuerdos de las autoridades”.

Los semblantes tan duros lo decían todo, no era un tema menor, ya no solo era el cansancio, ahora también lidiaban con enfermedades, con una incertidumbre cada vez más grande de no saber qué es lo que pasaría al día siguiente, es complicado lidiar con tantas personas que vienen a verlos a diario, algunos con buenas intenciones, otros con el fin de explotarlos como si fueran mercancía.

“No me puedo quejar, nunca nos ha faltado un palto de comida, un vaso de agua, un pantalón, esta camisa, todo lo que tengo puesto me lo han regalado, yo solo puedo decir que todos los mexicanos son buena gente, todos han sido buena gente” dijo Franklin mientras se señalaba aquel pantalón grisáceo, con los tenis negros a rayas y aquella camisa de cuello color azul.

La caravana migrante pasó, cada uno se dirige hacia donde su corazón lo guía, pero después del paso de miles de migrantes por la ciudad, solo quedan unos pocos con la esperanza de poder quedarse aquí, e iniciar de nuevo, desde cero, trabajando para poder vivir, todo ser humano tiene derecho a volver a empezar, a querer crecer, todo ser humano tiene derecho a una nueva vida.

*Los nombres fueron cambiados, por seguridad de los entrevistados.







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LAS CALLES TIENEN DUEÑO EN LA JARDÍN BALBUENA

Por: Alexa Denisse Saenz Castillo
Ciudad de México. (Aunam). Los habitantes de los edificios y casas de la colonia Jardín Balbuena ubicada en la alcaldía Venustiano Carranza; apartan los lugares en las calles con la finalidad de guardar un espacio a sus automóviles con cubetas, costales, ladrillos, piedras, y tubos.


La problemática que yace en las calles de Jardín Balbuena “tiene tiempo de existir; pero ha ido en aumento en los últimos tres años, pues cada vez hay más edificios y por lo tanto más gente que vive en ellos”, expresó Yesenia Villalobos, mujer de 37 años que vive en la colonia y es parte del Consejo Vecinal Kennedy.

Villalobos consideró que la razón de dicha problemática reside en que: “es insuficiente el lugar para tantos automóviles que existen en la colonia y en la ciudad”; sin embargo, expresó su inconformidad pues “muchos vecinos tienen cubetas fuera de sus hogares aunque no tienen carros; eso solo muestra su egoísmo e intolerancia con los otros”.

Según contó, el problema de los lugares no solo genera discusiones, también aumenta la violencia, pues hubo casos donde los automóviles salieron dañados, ya que los propios vecinos poncharon las llantas o rayaron los carros; y otros sucesos donde hubo discusiones que llegaron a la violencia física.


Como consecuencia a todas las quejas de los habitantes, las autoridades de la delegación implantaron un teléfono para denuncias anónimas que comunica con Yazmín Moncada Barrientos, encargada de la Jefatura de Unidad Departamental de Quejas, Denuncias y Responsabilidades de la alcaldía, la cual envía a personas encargadas de quitar todo tipo de objetos que invadan la vía pública.

Villalobos afirmó que la solución está en la sociedad, pues opinó que “como ciudadanos tenemos que ser compartidos y respetuosos con el prójimo, ya que hay que tomar en cuenta la calle es libre y todos podemos hacer uso de ellas siempre y cuando no se estorben las entradas o garajes de las casas”.



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martes, 4 de diciembre de 2018

TOMÓ EPN MALA DECISIÓN CON CARAVANA MIGRANTE: MIGUEL RIVERA

Por Alexa Denisse Saenz Castillo
Ciudad de México (Aunam). El gobierno de Enrique Peña Nieto no tomó en cuenta el contexto internacional, "sobre todo en el caso de las elecciones al Senado de los Estados Unidos; para la toma de decisiones con respecto a la caravana migrante hondureña”, comentó Miguel Ángel Rivera Herrera, profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS).


Miguel Rivera, profesor de Teorías de la Comunicación y Publicidad Global e Identidad Nacional en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), expresó su punto de vista acerca del grupo migrante de Honduras.

Rivera contó que la caravana surgió de un llamado que se hizo por medio de redes sociales, con el objetivo de emigrar hacia el norte del continente americano, puntualmente a Estados Unidos, como una forma de huir de la pobreza, hambruna y la violencia generada por el narcotráfico que se vive en Honduras y con la intención de tener una mejor oportunidad de vida para sus descendientes.

La caminata de los primeros migrantes inició el 13 de octubre en la Ciudad de San Pedro Sula, Honduras, seguida del segundo grupo que partió de Esquipulas, Guatemala y finalmente un tercer grupo que salió de San Salvador; para posteriormente cruzar Guatemala y así llegar a la frontera con México con cerca de 3,000 personas.

El 17 de octubre, surgió un altercado entre migrantes y las autoridades mexicanas, pues aunque algunos pidieron los permisos requeridos, la mayoría de la caravana no contaba con estos y pasaba la frontera de forma ilegal y violenta. Ante esto, el gobierno mexicano encabezado por el presidente Enrique Peña Nieto, otorgó 2,697 permisos provisionales de trabajo a los hondureños, así como asilos ubicados en diversos puntos del país y deportó a aquellos que tenían antecedentes penales.

Ante toda la problemática, Herrera expresó que “es un tema complejo pues desde un enfoque humanista, donde la búsqueda de la felicidad del individuo y su autorrealización depende de una movilización autónoma y libre; el gobierno mexicano tuvo un manejo adecuado de la situación”.

Calificó como positiva la búsqueda del libre tránsito de personas alrededor del mundo, sobre todo en la época de la globalización, donde la distancia no afecta en la comunicación entre las personas, pues las tecnologías funcionan como un representante del mundo, incluso en sus ámbitos políticos y económicos.

Agregó que el gobierno mexicano no podía darse el lujo de rechazar a los migrantes hondureños cuando el propio pueblo mexicano ha sufrido el rechazo y la discriminación del país vecino y su representante al intentar cruzar la frontera de Estados Unidos en busca del sueño americano y el bienestar de cada una de sus familias que dejan su país natal.

Para el catedrático, la libertad de tránsito no radica en la nacionalidad, en la religión, creencia u orientación sexual, pues eso refleja la discriminación y visión nacionalista de los países. “El libre tránsito es una opción viable que le pertenece a cualquier ser humano que éste en búsqueda de la felicidad y su autorrealización”.

Sin embargo, el también locutor de Creciendo con Mike en Ser World Media, dijo que la forma en la cual el gobierno mexicano manejó el caso ante el contexto internacional no fue el apropiado, así mismo la visión que tuvo con la problemática no fue la más prudente, pues la imagen del país fue afectada y por ello sus relaciones con las demás naciones.

Ante el cuestionamiento del porqué señalaba como inadecuadas las acciones realizadas por México ante la caravana Hondureña, el internacionalista de 31 años egresado del Colegio de San Luis (COLSAN), señaló que el primer error que se cometió fue la falta de un acercamiento diplomático del gobierno mexicano con el gobierno norteamericano, “para que así se aclarara y comprendiera que no se trató de burlar la soberanía de Estados Unidos, ni su territorio o frontera”.

Empero, el argumento central de Miguel Rivera, por el cual catalogó como inoportunas las decisiones que tomó el presidente Enrique Peña Nieto, fue la poca importancia que se tomó del contexto internacional y resaltó como eje principal las elecciones del Senado estadounidense realizadas el seis de noviembre del presente año.

Herrera consideró que las elecciones donde los republicanos y los demócratas estuvieron enfrentados, fueron de gran importancia para la ciudadanía que buscaba a los mejores postores para representar sus derechos, peticiones y quejas durante los siguientes seis años. “El alza de la renta, la igualdad de género y los derechos LGTBI+” entre otras cuestiones que los estadounidenses reclamaron y trataron de defender, aclaró el internacionalista.

No obstante y en cuestión de los migrantes; el hecho de que México dejara pasar a los migrantes Hondureños, sin antes haberse reunido con el presidente Donald Trump y sus diplomáticos, resultó un beneficio para el discurso del republicano y su partido.

El discurso de Trump fue nacionalista y racista según la crítica de Rivera, ya que “al hablar de los migrantes, los tachó como delincuentes y esto hizo que los republicamos distribuyeran la imagen del gobierno mexicano como cómplices de la delincuencia y como incompetentes ante la defensa de su territorio”.

El tema de los migrantes y las acciones tomadas por el gobierno de México; una problemática que el catedrático Miguel Ángel Rivera Herrera tachó como inadecuada e inoportuna por la falta de contexto internacional, “aspectos que deberían ser meditados y considerados mediante un análisis del panorama en general".
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lunes, 3 de diciembre de 2018

LA VOZ SIN VOZ: AMELIA UNA MUJER CON SUEÑOS

Por: Andrea Reyes González
Ciudad de México (Aunam). Bajo la calidez del sol de la mañana, en el estrecho patio de su casa, la figura erguida y delgada de Amelia Romero de 66 años se preparaba para relatar la historia de su vida. Una mujer dedicada al hogar y a su familia, le cuesta encontrar palabras para dar inicio pues no tuvo voz por muchos años. Hace memoria y aprieta los ojos para comenzar a relatar los sueños contenidos y nunca dichos.


El semblante amable, los ojos oscuros como el cabello, Amelia Romero recuerda su infancia con la voz tranquila: “nací en La Luz de Juárez, Guerrero, el 24 de junio de 1952”. ¿Qué si era bonito?, repite la pregunta y ríe. “No, no era un lugar bonito, porque era muy seco. Pero a pesar de eso mi infancia fue bonita, porque nos gustaba ir al campo con mi padre José Romero y mi hermano menor, Fernando Romero, cortábamos flores, nos mojábamos en la lluvia, hacíamos fogata y jugábamos a la comidita”.

“Tuve trece hermanos, yo fui la segunda. Mi papá fue muy cariñoso con nosotros, enérgico cuando ya estábamos grandes, pero siempre muy comprensivo. Mi madre Carmen no era enojona, pero no opinaba mucho”, asegura con un movimiento de cabeza. “De diez o doce años ayudábamos en la casa a hacer tortillas, a cargar el agua y a alimentar a las gallinas. Pero como estábamos chiquillos la infancia la disfrutas”.

Sus ojos brillan mientras hace una descripción detallada de los paisajes, Amelia posee una memoria nítida y da vida a sus recuerdos con un movimiento y gesticulación enérgica; “hacia yo un manojo de flores después de la lluvia mientras cantábamos por el campo, cuando eres niño no te importa nada”, dice y sonríe casi con nostalgia.

Sin embargo, no todos sus recuerdos parecen contener ese tinte de alegría en la niñez:

“No había luz, nos alumbrábamos con un candil o una vela, le echábamos petróleo para que encendiera, a veces no teníamos dinero para el petróleo, en ese tiempo costaba cinco centavos y tratábamos de acostarnos temprano para no gastar mucho. Un litro de petróleo nos duraba de tres a cuatro noches. No había teles, ni radio, ni relojes. Nosotros nos guiábamos por el sol, mediamos las horas por la luz, le atinábamos en el día y en la noche por el canto del gallo”.

Recuerda a su familia y habla de ellos con emoción: “mi familia se mantenía sembrando maíz, frijol, cacahuate, semilla de calabaza. Y mi mamá en el hogar hacia las tortillas y la comida, mientras con mis hermanos íbamos a la barranca a buscar agua, porque era un lugar muy seco. Comíamos bien, mi padre tuvo buen ganado y siempre teníamos queso y leche. No sufrimos de comida, dentro de todo, yo pasé una infancia bonita porque me gustaba mucho mi tierra”.

En un ambiente cálido, sin importar las pocas o muchas carencias, Amelia tuvo una familia ensamblada y numerosa: “conviví mucho con Inés y Fernando, mis hermanos, porque éramos los más grandes. Cuando yo tenía doce, mi hermana de catorce años se fue con su esposo. Yo me puse muy triste pero además los quehaceres se me hicieron más pesados, hacia tortillas y acarreaba agua del pozo para lavar trastes. Tenía doce años y todas las labores de la casa me tocaban a mí”, dice moviendo la cabeza.

“Con mi hermano convivíamos aún más porque íbamos a dejarle de comer a papá al campo, yo a él lo quise mucho. Cuando mi papá le pegaba yo lo abrazaba y lloraba con él, me daba mucho coraje que le pegaran, pero nunca le replicaba a papá porque no se le podía decir nada cuando se enojaba, estuviera bien o mal”, dice con una mueca en el labio que le tuerce la expresión como si recordara algún regaño injusto.

Amelia se estira en su silla, el sol le da en los brazos y parece disfrutar el calor, responde cautelosa a la pregunta sobre su grado de escolaridad: “sí, estudié primer y segundo año en la primaria “Hermenegildo Galeana”, así se llamaba, porque ahora esa escuelita ya la tiraron, tenía tres salones. El primer año lo estudié de 8 años, no es como aquí; como no había maestros entrabas hasta que estuviera uno. Me acuerdo bien que me dio mucho coraje cuando me enteré que ya no iba a haber maestro para tercer grado, y mi papá no me dejó irme a estudiar a otro lado”, dice y la voz se le vuelve enérgica al recordarlo.

“En el pueblo de Calihuala, Oaxaca, sí había para terminar primaria, hasta sexto, en ese tiempo ese pueblo era más grande y con más vida -mueve las manos como si con eso abarcara el tamaño del pueblo- ellos no estaban atenidos al temporal, había río y había escuela. Yo me quería ir a allá a terminar la primaria, pero mi papá ya no quiso ‘quien te lleva quien te trae’, me dijo”.

“Si el esposo decía no, era no, y la esposa no podía decir otra cosa, así que mi mamá no me apoyó. En ese tiempo era muy difícil porque no había transporte y teníamos que ir a caballo si estaba cerca, pero si era un pueblo más lejano a veces se iba a pie y tardábamos tres o cuatro días. Mi padre no tenía tiempo de llevarme y traerme de un pueblo a otro para ir a la escuela porque se la pasaba trabajando para darnos de comer”, baja un poco la voz como si le diera tristeza recordarlo.

“Yo más bien pienso que era porque en esas épocas tenían la idea de que una señorita de 11 o 12 años hay que cuidarla porque a los 14 años ya se casó y de esa edad se las llevan. ‘Con que sepas poner tu nombre es más que suficiente’, decía mi papá cuando le pedía que me llevara a estudiar”; Amelia entrecierra un poco los ojos, como quien sospecha. Su expresión vuelve a adquirir quietud, levanta la mirada un poco triste y expulsa un poco de aire; ni los recursos ni las ideas de sus padres permitieron que tuviera lo que anhelaba.

“Yo todavía no me quería casar, pero en el pueblo para nosotras no había más aspiración que esa, conocí al que a ahora es mi esposo a los 14 años. Lo conocí porque pasó por mi calle y me hizo la plática. Él no era del pueblo, era de Calihuala. Fuimos novios cuatro meses sin que nadie supiera. A veces cruzábamos dos o tres palabras porque mis tíos y mi papá me vigilaban. Todos querían que me casara con alguien del pueblo y Toño no lo era”, dice y se ríe.

“Me casé el 16 de febrero, el mismo mes que me pidieron, todo fue muy rápido. Él tenía 22 años y yo 15. A mi primer hijo lo tuve a los 16 años y a mi segunda niña a los 18. Ellos dos todavía nacieron en Calihuala, Oaxaca. La pobreza nos hizo salir de allá y venir a México donde tuve al resto de mis hijos, primero estaba preocupada, pero de no haber salido de ahí mis hijos no hubieran tenido estudio”, asegura.

Luego se fueron a la colonia San Lorenzo donde ella vivió un tormento, “creo que llené el canal de tanto llorar”, se ríe, pero en la mirada se le nota triste. “Estaba muy feo, se me hizo muy pesado. Además hacía muchos corajes, para mí ya no era vida, no veía a mis papás, peleaba con la esposa de mi cuñado. Yo siempre me quedaba callada, me estaba llevando la fregada”.

Se iba a morir dejando a sus tres hijos chiquitos, tenía 25 años. “Tuve ulcera gástrica, luego estuve muy mal de anemia. Estuve muy enferma de todo, pero el año que pensé que me iba a morir tenia pulmonía, sentía que se me desbarataba la espalda y el pecho. Tuve una vida muy pesada”, esta vez aprieta las manos y pierde la mirada mientras recuerda.

“Si yo hubiese podido, me hubiera gustado estudiar enfermería, me gusta mucho curar a los enfermos y ayudarlos, pero por falta de recursos y maestros no pude. Yo sí recuerdo que me gustaba estar estudiando, me gustaba recitar en la tribuna libre los días 15 de septiembre en mi pueblo, pero lamentablemente no pude continuar”, dice y encoge los hombros.

“Siempre la vida fue más difícil para las mujeres, de chiquita me tenían encerrada para atender a mis papás y cuando me case pensé que iba a salir de ahí; pero es lo mismo, te encierras y ahora hay que cuidar al marido. No se disfruta la vida, pero dentro de todo lo malo tengo recuerdos bonitos”, dice tranquila, con una sonrisa genuina.

Amelia Romero, humilde y de carácter tranquilo recuerda su vida y lo doloroso de haber vivido por y para otros, dejando de lado muchos sueños para poder adaptarse a los deseos de otros como muchas mujeres, sin embargo alberga en su memoria una fuente de alegría que le hace recordar que ha desempeñado un buen papel como madre y eso le otorga satisfacción a todo el camino recorrido durante más de sesenta años.

“Soy madre y tuve una vida pesada, pero no es todo lo que soy, también tuve sueños”, dice sonriendo, Amelia parece recuperar el aire mientras descubre que dentro de ella siempre existió la voz y que ni los años ni los demas pueden arrebatarle esa historia donde sólo ella ha sido protagonista.







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